la paz nos gusta
Hoy paseante se graduó: fue a pasear a las montañas de Montserrat.
A una hora de Barcelona queda el monasterio benedictino de hace muchos siglos atrás. Hasta allá llegaron en tren y en funicular dispuestas a tener un día más calmado, sin correr, pero con mucho caminar. Cerros, piedras enormes, gigantes y vistas maravillosas despejadas por el viento hicieron que todo un día se pasara como segundos.
Paseante y Mari fueron felices.
Ahora van a juntarse con Pi, la prima de paseante. Dice que beberán sangría y que no piensan agitarse, porque aún les queda mucho tiempo por estos lares.
Paseante hoy, dice que está bien.
Le gusta esto del tiempo.
Y el viento.
A una hora de Barcelona queda el monasterio benedictino de hace muchos siglos atrás. Hasta allá llegaron en tren y en funicular dispuestas a tener un día más calmado, sin correr, pero con mucho caminar. Cerros, piedras enormes, gigantes y vistas maravillosas despejadas por el viento hicieron que todo un día se pasara como segundos.
Paseante y Mari fueron felices.
Ahora van a juntarse con Pi, la prima de paseante. Dice que beberán sangría y que no piensan agitarse, porque aún les queda mucho tiempo por estos lares.
Paseante hoy, dice que está bien.
Le gusta esto del tiempo.
Y el viento.
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